|
Mi amigo Juanjo, ese sí molaba. Vivía en Moratalaz.
No recuerdo cómo le conocí, pero pasé un
par de años, yendo a su casa al menos una vez por semana.
Allí pasé los mejores ratos de entonces.
Juanjo, era un camello honrado. De eso me di cuenta más
tarde, cuando llegué una tarde a su casa, y vi unas tiras
de esas que pone la policía en la puerta de la casa de
alguien al que acaban de detener, al que siguen investigando.
No olvidaré aquella tarde en la vida.
Tendría yo, unos trece años, por entonces mi pelo
pasaba ya de los hombros, lo llevaba largo y rapado por los lados,
como siempre.
La casa de Juanjo era una de esas bajas, su puerta daba directamente
a la calle, yo siempre dejaba allí la bici y entraba sin
llamar. Pero ese día la escondí tras la casa, y
me aseguré muy bien de que nadie me viera entrar. Evité
los precintos policiales, y me escurrí hasta dentro.
Estaba todo revuelto, los discos de vinilos tirados por el suelo
¡Hijos de puta! (pensé imaginando a la policía
haciendo "su trabajo").
Los
vinilos de Juanjo
Al ver todo aquel desorden, imaginé lo que habría
sucedido. La policía que buscaba droga debió pensar
que estaría escondida entre los discos, entre la ropa de
mi amigo, o entre sus fotos, o entre los recortes de prensa que
él guardaba escrupulosamente. Recortes de artículos
en los que se hablaba de Fidel Castro, del Ché, de Nicaragua,
de Sendero luminoso, de Allende, de "OTAN no", de los
últimos anarkistas de Catalunya, del Grapo, de manifestaciones
contra el régimen anterior, de detenciones ilegales, de
presos políticos, de la vida, o lo que de ella sacaba mi
amigo.
Juanjo siempre hablaba de las grandes causas y de los grandes
hombres. Él me contó una y mil veces la vida de
Ernesto Guevara. Él, y no la escuela, me explicó
que Pinochet, no es un anciano venerable, sino un asesino, que
apoyado por la C.I.A. quitó de su cargo electo a un señor
al que toda la clase baja chilena admiraba: a Salvador Allende.
Juanjo, me enseñó a situar en un mapa a Israel y
al verdadero estado al que usurparon su tierra: Palestina.
Y todas esas charlas, podía recordarlas una a una, tan
sólo con mirar al suelo y evitar a cada paso pisar sobre
algún recorte, que Juanjo había clasificado y guardado
cuidadosamente para algún día, enseñarle
otra verdad, a alguien como yo.
Hasta que la policía y su rigor profesional se ocupara
de volver a ponerlo todo en su sitio. Miles de papelotes rotos
volaban por la habitación, yacían hechos añicos
entre los restos de lo que había sido mi mejor aula.
No pude evitar que unas lágrimas emborronaran una imagen
del Ché, donde se le ve riendo con un gran puro en la boca,
junto a Fidel Castro
aún lo tengo guardado.
Pasé allí esa tarde contemplando todo lo que pude,
para guardar todo aquello en mi memoria, para no olvidar cada
una de las charlas con él, para no dejar que todo aquel
esfuerzo, cayera en saco roto.
Y antes de marchar, cogí todos los vinilos que pude y me
los llevé con el ánimo de guardarlos para que mi
amigo no los perdiera, para que nadie se los llevara de allí.
Hice una mochila, y en ella eché: treinta y cinco discos
en vinilo, siete libros y todos los recortes de prensa que pude
salvar del destrozo y la falta de respeto de la policía.
Al llegar aquella noche a la casa de mi abuelo, le pregunté
si podía utilizar su viejo tocadiscos y él lo desconectó
de su lugar y lo puso en mi habitación, me dijo que ya
era hora de que alguien renovara la música que salía
de su pequeño bafle. Y sin preguntarme de dónde
había sacado ese montón de vinilos, se quedó
mirándome desde el quicio de la puerta, y preguntó:
"¿todo bien?". Mis ojos respondieron por mí...
él no se acercó para consolarme. Sabía -
lo sabía mejor que nadie- que era un momento para compartir
con mi amiga, la soledad.
Antes de dejarme a solas con ella, dijo: "escucha todo, aprende
de todos ellos, y quizá todo valga para algo", y cerró
la puerta de mi habitación.
Recuerdo que sin limpiarme los ojos, me levanté y puse
un disco de Pink Floyd: "wish you were here". Y mientras
lo escuchaba por segunda vez en mi vida, recordé la vez
que Juanjo me lo puso en su casa, unos meses antes.
Todas las tardes que iba a verle, escuchábamos un nuevo
disco, me recomendaba un buen libro y nos fumábamos un
buen porro. Él vendía hachís, y aunque yo
nunca fui a pillarle, él siempre fumaba y a pesar de mis
trece años, lo compartía conmigo. Más de
una vez tuvo que decirme: "¡para!, eso no se fuma así".
Él me enseñó a disfrutar de los porros. Casi
nadie disfruta de ellos, sólo los fuman para colocarse,
sin sacar una contrapartida de ellos.
La infancia y el
abuelo
Recuerdo
el viaje de vuelta de Asturias a Madrid, mi abuelo me habló
sobre el amor, el matrimonio, los pactos... a mí me despejó
muchas de las sombras que se habían formado sobre mi ánimo
la noche anterior:
"
...
- ¿Cómo se llama la chica?
- Ana -le repondí, sin dejar de mirar por la ventanilla,
cosa que siempre hacía cuando mi abuelo conducía.
Pero aquella vez, lo hice para que no se fijara en las lágrimas
que desangraban mis ojos sobre el coche.
- Pues anda que no hay Anas en el mundo...
- Pero ninguna como ella abuelo, ¡no me jodas!
- Niño -fingió cabrearse- ¡no digas tacos,
joder!... Pues claro que sí hijo, como busques el amor,
estás jodido. Mírame a mí, que lo encontré
y duró muy poco, ¡tu abuela podía haber vivido
más tiempo, hostias!...
- ¡No digas tacos abuelo! -le repliqué de inmediato,
hasta dejé de llorar.
- Pues mira sí hay que decir tacos de vez en cuando...,
¡me cago en la puta que parió...! -recuerdo que mi
abuelo se excitó tanto, que dejé de mirar por la
ventanilla. Por otro lado, ya no lloraba, y después de
salir de Asturias, todo me parecía horrible-
- Mira hijo, yo me casé de penalti, y eso que a tu abuela
la quería, pero lo hice joven. También ella murió
joven, pero vivo una vida obligada, no la que querría haber
vivido. No hagas lo mismo que yo, conserva esa libertad de poder
ver un valle verde cuando te venga en gana, sin depender de nadie.
El mundo está lleno ya, ¿para qué traer más
gente a él?... ¡Si sobra la mitad!. Por ejemplo,
¿tú crees que los matrimonios son lo que dice la
iglesia? -no me dio tiempo a contestar-, ¡que le den por
el culo a la iglesia!, esos quieren que el hombre siga engañado,
encauzado y que nada cambie, y así seguir ellos ahí,
dónde están, de donde nadie les quitó, porque
lo hicieron bien los jodíos. Se inventaron sus mandamientos,
sus pecados, la gente se lo tragó, y ellos a vivir del
engaño: que dios dice esto, que dios dice lo otro
Pues nadie escucha a dios, sino a sus delegados en la tierra,
¿no será que dios no existe, y ellos dicen que "dice"
lo que ellos quieren que haga la gente para seguir mandando?
- Dios no existe, es imposible -dije muy seguro, sigo diciendo
muy seguro.
- No es imposible, es un negociazo. Pero la gente no se da cuenta,
y así con todo. El amor: la gente se ata a alguien, porque
lo dice dios, y tienen que querer a esa persona toda la vida.
¿Tú te crees que si el matrimonio se basara en el
amor, existirían las putas?
- Joder abuelo... ¡yo qué sé!
- Pero tú sabes lo que hacen las putas... -yo bajé
los ojos, asintiendo de algún modo-, ¡Ni joder, ni
hostias!, ojo, que no digo que el amor no exista, pero no así,
a través de un contrato. No, así no.
-No, si yo no quiero casarme -le dije sinceramente, y comprendí
que casi mejor haber amado a Ana, sin haber pasado por lo del
contrato. ..."
Un
mal viaje y el principio de otro + largo (ningún
viaje es malo)
Recuerdo
otra puerta inmensa, que tardó en abrirse mil años,
y dos figuras que se besaban en aquel marco luminoso.
Recuerdo un disco sonando "In a gada da vida", y la
luz, que salía del plato, un arco iris no de siete... sino
de SIETE MIL colores, que cambiaba la textura de las cosas al
rozarlas.
Recuerdo la pared, estaba hecha de un material elástico
que se encogía o se expandía, al recibir el impacto
sonoro de los graves del bajo de los Iron buterrfly.
Recuerdo una voz de repente: "Harry"... y unos ojos
como los de cañete, pero no eran suyos, eran de un ser
igual a él, solo que era otro. No hablaba igual que él,
tenía rasgos no humanos, pero era él. Yo hablé...
creo... "¿cómo me ves a mí?"...
"un espejo", dijo aquel ser... "necesitamos un
espejo Harry"... "sí", dije yo.
Recuerdo un espejo en la oscuridad, al fondo, como a tres o a
cuatro kilómetros en su interior, cuatro ojos que nos miraban.
Nuestro reflejo se había rebelado contra nosotros y eran
ellos los que mandaban en la situación. Pasamos allí
un buen rato, hasta que el espejo pareció gritarnos -eso
sentimos ambos- ¡FUERA DE AQUÍ!...
Recuerdo pensar una y mil veces: "hay que pirarse de aquí".
Recuerdo la voz de aquel ser que ocupaba el cuerpo de cañete...
"sí, hay que pirarse de este país". "De
este país de mentira", zanjé yo, y sin decir
nada más, cogí mis cosas y le dejé allí.
Yo salí a la calle, ya estaba amaneciendo y no me apetecía
moverme hasta el bus, así que fui pateando, a paso rápido
llegaba en menos de una hora a mi casa.
Y seguí el camino de las vías del tren...
Recuerdo ese amanecer, puesto que yo caminaba hacia el sol, hacia
el este, y según iba sacando conclusiones, él, lo
iba iluminando todo de forma más intensa, más bella,
más triste.
Recuerdo un tren, al que yo veía como un gran dragón
que venía a por mí, recuerdo el salto que pegué
para dejar las vías cuando tuve un atisbo de realidad y
me di cuenta del peligro.
Recuerdo que pensé... "hay que viajar"...
Recuerdo que al llegar a casa, mi vecina Juanita, estaba esperándome
en la puerta.
Recuerdo cómo lloraba la hipócrita.
Recuerdo que la mandé a tomar por el culo, cuando pronunció
la puta frase: "tu abuelo hijo..."
Recuerdo mi respuesta: "yo no soy tu hijo, y además
¿quién eres tú para llorar por la muerte
de mi abuelo?"
Recuerdo abrir la puerta, dar un portazo, apoyarme de espaldas
a ella, respirar hondo y caer al suelo de puro dolor. De una extraña
forma, me sentía liberado, me sentía hundido, me
sentía solo, volvía a sentirme VIVO. Otra vez, el
ying y el yang, mi abuelo había muerto, ya podía
escapar de allí.
Las
Ratas que manejan el arte
Espera
voy a poner música... ¡Bendito e-mule!
La última semana, me he bajado unos grupos... ¡de
los más conocido vaya!, casi todos ellos del sello inglés
"Peaceville". Música oscura, triste y anti comercial.
Si no existiera el e-mule, la música hubiera caído
definitivamente en las garras de los comerciantes.
El individuo pobre, en este sistema, no tiene derecho a escuchar
más que lo que puede pagar, es decir, poca cosa al precio
que están los discos, de los que el artista en el mejor
de los casos, lleva el cinco o el seis por ciento de las ventas...
¿quién se lleva el resto?: Pues esos mismos que
persiguieron al Napster, y ahora al e-mule.
ESOS MISMOS QUE ENCARECEN EL PRECIO DE LOS DISCOS PARA QUE TÚ
Y YO, NO PODAMOS TENER ACCESO, MÁS QUE A LO QUE NUESTRO
SUELDO NOS PERMITA.
¡¡¡ME CAGO EN SU PUTA MADRE!!!
Piensa en ello, mientras yo pongo el disco... ahora estoy contigo.
¡Jodío
abuelo!
Mi
abuelo, siempre me regañaba por alardear delante de ellos:
"...
- ...Además la mitad de las cosas que cuentas son mentira,
¡que te escuché varias que...!
- ¡Qué más da! -le decía yo-, si nunca
van a salir de aquí
- ¡No digas eso guaje! -el güelu se cabreaba cada vez
que menospreciaba al resto-, Nunca... y ¡digo nunca!...
¿oíste? -eso me lo decía cuando quería
que yo prestara atención. "Sí", asentí
con la cabeza-... ¡Nunca presumas con la gente, de lo que
ellos no tienen!
- Pero abuelo, si son ellos los que empiezan a presumir siempre
-me refería a sus bicis, a sus juguetes, a todo lo que
un niño que va con una orquesta desearía tener para
jugar con ellos, pero que en ese momento no lo tiene, y le hace
ser distinto, y por supuesto INFERIOR.
- Sí, pero ellos presumen de cosas que tú podrías
tener. De cosas, ¿oíste? -y entonces, me miraba
muy fijamente-, Pero tú les haces soñar.
- ¿Y qué hay de malo en ello güelu?
- Que el mundo les enseña otra cosa. ¡Sus padres
les enseñan otra cosa!, ¡los maestros les enseñan
otras cosas!
- Les enseñarán lo mismo que a mí... ¡vamos,
digo yo! -decía muy seguro.
- No hijo, porque hay muchos de ellos que sus maestros son curas,
y esos no dejan soñar a nadie, ¿oíste? Otros,
sus papás son guardias, terratenientes, gentes del campo
o incluso militares, y ninguno de esos papás va a enseñarle
nunca a soñar a su hijo.
- ¿Y qué les enseñan? -le preguntaba yo,
mucho menos seguro y mucho más asustado...
- Les enseñan a trabajar, a no dar voces, a ser mayores.
Y cuando se es mayor... ¡de esa forma claro! -puntualizaba
siempre-... ¡No se puede soñar! Les enseñan
a obedecer, a matar si hay que hacerlo, les enseñan a ser
fieles al rebaño.
- No entiendo, ¿a qué rebaño?... ¿No
son hombres?
- Sí, pero los que mandan: sus papás, los curas,
los guardias, los que tienen tierras, los que las trabajan, les
enseñan a vivir como los borregos. Nacen hombres hijo,
y el mundo les convierte en borregos... -en esta parte, se ponía
muy serio-. Y tú no puedes ir alardeando de que tú
viajas, de que tú conoces sitios que ellos nunca conocerán,
de que puedes hacer cosas, que sus papás no pueden comprarles...
¿entiendes?
- Sí, -le respondí muy seguro... muy triste- ¡vamos,
que no puedo jugar con ellos!... Porque a mí no me gustan
sus juegos, ¿sabes?
- Y entonces, tu forma de hacer amigos, es contarles mentiras...
¡Parece que así quieras reírte de ellos!
- No me gustan los niños abuelos, dicen muchas tonterías
y siempre están riñendo. Como no saben, todos creen
saber más que nadie...
- ¡¡¡BINGO!!!, tú lo dijiste -y zanjaba
el asunto-, así que intenta pasar desapercibido. Si no
te gustan sus juegos, pasa de ellos, pero nunca... Y DIGO NUNCA,
les restriegues en sus narices, que tú ves el mundo de
otra forma a la suya, no se puede discutir con quien no sabe...
¿oíste?
- ¡Claro güelu!
- Pues eso ye fíu, eso ye lo que hay.... -llevaba razón:
¡eso es lo que hay!..."
Mi abuelo, a su forma, tampoco se doblegó nunca ante nadie...
Aprendiendo
Una
noche tuve una charla interesante acerca de este tema con el cañete,
estábamos en Hamburgo en un bar del barrio donde pasamos
los días que allí estuvimos, en el viaje del que
antes te hablé. Ese barrio era Altona. Por entonces destripábamos
el libro de Escotado: "Aprendiendo de las drogas".
"...
- No me cansaré en la jodida vida, de leer esta nota -decía
el cañete. -y leía unas notas introductorias, muy
bien elegidas por el autor-: ...De la piel para adentro empieza
mi exclusiva jurisdicción. Elijo yo aquello que puede o
no cruzar esa frontera. Soy un estado soberano, y las lindes de
mi piel me resultan mucho más sagradas que los confines
políticos de cualquier país.
- "Anónimo contemporáneo" -añadí
yo, ya lo había leído, ambos lo habíamos
leído mil veces.
- A la gente le enseñan a decir "no a las drogas"
-el cañete también se daba cuenta de todos los cuentos
para niños-, pero nadie les dice: "lee este libro,
en él hay datos REALES sobre dosis, efectos, contraindicaciones,
posibles reacciones entre las sustancias, etc"...
- La ignorancia es la fuerza, -dije yo, parafraseando a Orwell,
de nuevo 1984. Y es que mira que es grande ese libro.
- Pero no la fuerza del individuo, ¡no!, ¡Ése
que diga NO a las drogas...!
- Y que sean LEGIÓN, como en la biblia, que todos luchen
contra los sabios, que son los únicos capaces de cambiar
el mundo. No, que todo siga igual, el borrego desinformado, y
la fuerza de la que hablaba Orwell.
- Para el estado.
- Para la iglesia, para la banca, para las empresas multinacionales.
- Para la burguesía, para los nuevos ricos, para todo el
que saque tajada.
- Hablando de tajada, si legalizaran las drogas y nos enseñaran
sus efectos, sus beneficios, sus perjuicios, ¿tú
crees que habría tanto rico?
- Mira, -abriendo el libro por cualquier página-, si dijeran
la verdad sobre las drogas, se acabaría la industria farmacéutica
tal y como la vemos hoy.
- NUNCA DICEN LA VERDAD. SÓLO CUENTOS PARA NIÑOS
- La verdad hay que buscarla, sólo llega a ella el que
la busca.
- Y descubre que no existe, que la verdad es distinta para cada
uno: "yo soy mi propio soberano".
- Y yo el mío.
Si no leíste el libro... ¡hazlo!, pero no digas simplemente
NO A LAS DROGAS. Entérate de que las drogas no son venenos,
no son malas o buenas. Sólo su dosis las hace buenas o
malas, y además, depende del que las tome.
Como dijo Paracelso, "la diferencia entre veneno y medicina,
es simplemente la dosis".
Un
buen viaje
Treinta
libras, que al cambio, serían unas siete u ocho mil pelas
de las de entonces, y más de un mes por delante.
Pero Tim conocía la ciudad, sabía dónde podríamos
sacar pasta, los tres juntos, sin que su viejo se enterara.
¿No te dije que soy músico?
Pues aquel chico inglés, era el mejor cantante que escuché
en mi vida, y sabía de memoria todas las canciones de New
Model Army. El cañete las guitarras, y yo improvisaba unas
melodías que enriquecían esas canciones, y así
la gente se paraba a escuchar nuestras versiones, conciertos improvisados
que dimos en varios puentes del Bridgewater canal, en Victoria
Station, en las puertas de Old Trafford, en Picadilly Station,
en Chester road, en todos los parques del campus universitario...
Así estuvimos más de un mes, conocimos todos los
recovecos de Manchester, la ciudad dónde había que
estar si te interesaba la música.
En España, estábamos... estamos, a años luz
de la "movida de Manchester".
En unos días, cañete volvió a llamar a su
viejo, para decirle que se quedaba allí, que habíamos
encontrado un piso, y que él no pensaba volver a España,
al menos en un tiempo.
Pero lo mío era distinto, estaba el idioma, hiciéramos
lo que hiciéramos, yo me perdía algo, no entendía
más que a Tim. Del resto, siempre estaba al margen, y no
es por el tópico de que los ingleses son muy cerrados,
que claro que lo son, ¡como en todos los sitios, coño!
No, no era por eso. Porque poco a poco empezaba a pillar el idioma,
¡tampoco es tan difícil, joder!, pero es que allí
era el más extranjero del mundo, no en cuanto al país
contra mí, sino a mi aptitud ante aquel sitio.
Hoy me hubiera quedado, pero entonces quería seguir buscando
gente distinta, y auque allí se respiraba diferencia, se
respiraba música no fotocopia de otra música. Si
no puedes hablar utilizando todos los matices que el lenguaje
te ofrece, entonces el mediocre eres tú, el que no tiene
nada que decir eres tú. Así que abrí bien
los ojos, ¡las orejas, por supuesto!, me empapé de
los olores de aquella isla que me recorrí de cabo a rabo
en el bendito AX del cañete, junto a Tim, y decidí
volver al país donde nací, no a mi país.
¡Eso es otro cuento para niños!, ¡no!, me refiero
al sitio donde puedo hablar con gente que al menos, entienda lo
que quiero decir, sin tener que gritar solo y frustrado, en una
incomunicación que se convierte en la peor de las cárceles.
Hace poco vi una peli que cuenta la historia del movimiento musical
que salió de Manchester a finales de los setenta, con el
nacimiento de bandas como Joy Division, de un sello discográfico
que hoy es una leyenda, una compañía que no tenía
contrato con sus grupos, propiedad -junto con otros socios igual
de locos que él- de Tony Wilson.
Podría contarte yo esa movida, la de Manchester, pero lo
hace mucho mejor el director británico Michael Wintherbottom,
en esa peli: "24 hours party people". Píllala
en un video club o bájatela, que en ella está reflejado
ese Manchester que me dejó fascinado, del que yo puedo
hablarte de pasada, o puedes ver esa peli, contada por alguien
de allí.
En ella, Factory Records, que así se llamó esa compañía
discográfica independiente de verdad, recibía una
oferta de cinco millones de libras, por parte de London Records....
Una multinacional de entonces.
El loco Tonny, le decía al director de London: "Factory
records no es una empresa"-mirando los discos de oro que
colgaban en la pared JOY DIVISION, NEW ORDER, THE HAPPY MONDAYS...
"...Este, es todo el papeleo que tenemos con nuestros grupos..."
entonces Tonny, descuelga un papel enmarcado junto a los discos
de oro, y se lo enseña al ejecutivo londinense. El papel
estaba escrito con su propia sangre (y esto es histórico)
y lee:
"los artistas poseen su trabajo, la compañía
no posee nada. Nuestros grupos tienen libertad, para largarse
cuando quieran"
Entonces el londinense dice riéndose "no pintáis
nada"
A lo que Tonny Wilson, responde:
"Sí, pero mi epitafio será que yo, NUNCA, ni
metáforica, ni literalmente hablando, ME VENDÍ.
Me he protegido, ya que no puedo venderme al no tener nada qué
vender"
"Tonny, estás como una puta cabra", dijo alguien
"Ésa, es una opinión"
Zanjó Tonny.
Si
quieres conocer el Manchester del que te hablo, tienes que ver
esa peli.
En aquel viaje conocí sensaciones, que nadie podrá
contarme jamás.
Descubrí lo que significa "tocar por tocar",
por amor a la música, por supervivencia, por la supervivencia
de un sueño, tocar para seguir soñando: tocar para
SEGUIR viajando.
Descubrí el sonido del viento en el norte de Inglaterra,
que no suena como en el resto de los sitios donde estuve... ¡de
veras!
Descubrí ese paisaje gris y verde, del que hablaban NMA
en su "green and grey", descubrí su magia, y
su maldición.
Descubrí que el sur, nunca tiene nada que ver con el norte.
Descubrí que el Rock, es un invento anglosajón,
que ellos están a años luz de los españolitos
que piensan que inventan algo cuando hacen Rocanrol.
Descubrí, que los mejores souvenirs para cualquier viaje,
son los que llevas dentro de tu cabeza, lo que has aprendido en
él, y eso no tiene precio. Yo ni siquiera guardo las entradas
de los conciertos, nunca lo hago, tampoco fotos.
Descubrí, que siempre que cierre los ojos con fuerza y
recuerde cada una de las sensaciones vividas, podré estar
de una forma u otra en los sitios donde ya estuve, esos especiales,
que nunca se olvidan.
Recuerdo el "círculo de los druidas", una gran
formación megalítica en el sur oeste de Inglaterra.
Recuerdo el viaje por Escocia, sus carreteras estrechas entre
prados que siempre acaban en lejanas y oscuras montañas.
El lago Ness y sus brumas... Recuerdo haber metido los pies en
él, mientras pensaba, "si existe el monstruo, que
me coma los pies si tiene huevos, si no lo hace, es que no existe",
los tuve más de media hora en remojo, ¡y hacía
frío!. "¡No existe el jodido Nessy!", pensé...
No muy seguro.
Recuerdo al cañete y a Tim, despidiéndose de mí
en el aeropuerto. Ellos parecían más tristes que
yo. Recuerdo que pensé: "la de cosas que voy a tener
que contar cuando llegue". No recuerdo llorar hasta que despegó
el avión y entonces pude ver desde al aire, por vez primera,
esos valles verdes y grises de los que hablaba la canción
de NMA.
Recuerdo que en aquel viaje, pensé: "me he paseado
por todo Inglaterra, por Europa, con una chupa que pone te odio
y no he tenido ningún problema".
Cuando te metes explícitamente con los borregos, no lo
entienden, creen que la cosa no va con ellos, nunca tienen la
sensación de pertenecer a rebaño alguno.
Ellos piensan que son libres.
Ese es el tema, no se lo digas a uno en concreto. No le digas
"eh tú, eres un borrego", sin embargo, prueba
a decir: "el mundo está lleno de borregos" y
entonces, serán ellos mismos los que te digan "tienes
razón", nunca tienen conciencia de pertenecer al rebaño.
CREEN QUE SON LIBRES.
Y tú, ¿eres de los que buscan la libertad,
o
de los que creen ser libres?
Los
músicos mercenarios
Recuerdo
un día que hablábamos con otros músicos en
la sala donde él trabaja, yo acababa de tocar. Había
pasado un tiempo desde el famoso tripi:
"...
- Este tío es el demonio. -El ena hablaba de mí
a sus compinches, músicos de sesión, que cómo
él, miraban expectantes a ver quién sacaba su papela
y ponía unas rayas de coca- ¡¡¡Es el
puto mal!!!
- Sí, yo para gente como El ena -dije mirando al resto-
soy el puto demonio -y agarrándole por el cuello sin que
él se lo esperara, añadí: - ¿Verdad
enano?
- Vale tío, vale -dijo uno de ellos sin entender que El
ena se había ganado mi reacción años antes,
aquella noche en la playa. Eso no lo explicaba, sólo decía
que yo era el demonio, nunca explicaba el porqué.
- No tranquis, si el ena y yo somos viejos amigos -y al ver como
se relajaban al soltarle del cuello, saqué una papela que
había pillado aquella noche y se la tiré a la mesa...-Poneros
que yo marcho a casa.
- ¡Hey tío, gracias! -dijeron todos-, ¿Tú
no quieres? -cuando vieron que no, ya que marchaba, El ena siguió
hablando de mí, y aunque yo ya no estaba entre ellos, pude
escucharle decir en voz baja:- Ya os dije que está un poco
loco, es el puto demonio, pero es buena gente. Venga nos ponemos
la coca
¡joder, si tiene el medio gramo intacto!..."
Así que para esa gente, yo soy el loco, el demonio, el
mal como dice El ena. Puede ser, pero yo seguí mi camino.
Y antes, me hice una coleta para que leyeran el mensaje de mi
chupa: "I HATE YOU". Y marché despacio.
Ellos, deben seguir allí, poniéndose rayas, siempre
lo hacen, criticando a los chavales que acaban de tocar en aquella
sala donde mandan los músicos, la cocaína y la frustración.
Puede ser que yo sea el loco, pero al igual que aquel vagabundo,
prefiero serlo a ser COMO ELLOS.
El
jodío abuelo, me enseñó más que los
maestros
Recuerdo
a mi abuelo, él ya me lo advirtió...
"...
- ¿...Güelu? -intenté llamar su atención
después de más de una hora de silencio. Viajábamos
de vuelta a Madrid, en uno de aquellos veranos, cuando todavía
"íbamos de gira". Veníamos de Euskadi...
de Euskal Herria, que así se llama realmente.
- Creía que dormías -respondió, como saliendo
de un trance, en el que sólo él sabía qué
se le estaba pasando por la cabeza.
- No -respondí-, estaba mirando por la ventanilla -no dormía,
nunca lo hacía. Nunca lo hago, a mí me gusta viajar,
creo que ya te lo dije, y me gusta porque me muevo, pero si no
lo veo, me parece que no llegué a viajar. Casi todas las
ciudades son iguales, así que si no miras por la ventanilla,
es como si te teletransportaras. Bueno una vez sí me dormí,
sí hubiera querido tele trasportarme. Pero luego te lo
cuento.
- Eso está bien, así siempre sabes de dónde
vienes y a dónde vas.
- Y por dónde pasas, aunque nunca pares en esos lugares
-mi abuelo flipó con mi respuesta, pero no dijo nada, me
dejó continuar-... ¿Todo esto es España?
- Sí hijo, no llegamos a salir del país, de hecho
nunca salimos de él.
- Pues ésto -refiriéndome a Castilla, aunque entonces
no supiera su nombre-, no tiene nada que ver con las vascongadas.
- No se llama Vascongadas, eso es como lo llamó Franco,
se llama Euskal Herria. Y llevas razón, no tiene nada qué
ver, ni Asturies, ni Galicia, ni Catalunya. Ninguno de esos lugares
tiene que ver con Castilla.
- ¿Y por qué a todo se le llama España? -toma
pregunta, debió pensar el mi güelu.
- ¿Ves aquel monte? -dijo tras un rato de silencio. Sobre
su cima, un castillo se alzaba sobre todo, lo dominaba todo desde
allí.
- Sí... ¿lo dices por el castillo?
- Sí, hace muchos años, los ricos vivían
en esos castillos y la gente trabajaba en los campos que los rodean.
Entonces, los dueños de los castillos, les decían
a la gente que trabajaba, que las tierras eran de ellos. Y para
poder trabajarlas, para poder vivir de ellas, tenían que
pagarles una parte de lo que sacaban de ellas.
- ¿Por qué? -pregunté yo extrañado,
hoy en día sigo haciéndome la misma pregunta extrañado.
- Porque así ellos no tenían que trabajar. Pero
además les decían que si algún señor
de tierras lejanas venía con su ejército, ellos
les defenderían de su ataque, y entonces además
de pagarles, los hijos más fuertes de los que trabajaban,
pasaban a formar parte del ejército que el señor
de turno formaba para proteger sus tierras. Pero la mayoría
de las veces, eso no era así, sino que ese señor
quería más tierras y utilizaba al ejército,
no para proteger a los agricultores, al pueblo, si no para agrandar
sus dominios.
- ¿Y nadie se quejaba? - de nuevo pregunté extrañado.
- A los que lo hacían, los liquidaban esos mismos soldados.
- ¿A su propia gente?
- Sí hijo, a su propia gente, porque en todos los ejércitos,
los soldados reciben órdenes, y si no las cumplen, entonces
son ellos los que son aniquilados.
- ¡Vaya mierda, güelu!
- Sí hijo, vaya mierda, pero es así. Sigo con la
historia: entonces invadían otras tierras y el señor
tenía que pedir a los agricultores más dinero, para
aumentar su ejército porque tenían más terreno
que defender. Pues así es como empezó España.
Señores de esta tierra llamada Castilla, extendieron sus
dominios hasta el mar, y se anexionaron todas las tierras haciendo
lo mismo en cada sitio. No todos aceptaban, pero sus ejércitos
eran cada vez más fuertes. Y en el norte...
- ¿Euskadi y Asturies no? -pregunté para que viera
que me había quedado con los conceptos.
- Sí hijo, en Euskadi y en Asturies, no había ese
tipo de señores. Ya viste que allí el terreno es
mucho más montañoso. Allí la gente estaba
acostumbrada a vivir de otra forma. A eso se le llama otra cultura,
pero no pudieron enfrentarse con ejércitos tan grandes
como los de los Castellanos. Entonces, para no perder una batalla
desigual, aceptaron pagarles también. A todo eso le pones
un nombre, porque claro, la gente tiene menos miedo si pertenece
a algo, y entonces comenzaron los distintos reinos. Sus señores,
los llamaban con un nombre y sus ejércitos llevaban una
bandera, para distinguirse del resto, y entonces un día
los señores con mayor número de soldados, hicieron
tratos con los señores de cada sitio y todos se unieron
bajo un mismo ejército, bajo una misma bandera, aunque
a la gente del pueblo, ésto les supuso más dinero
que tenían que pagar. Se les contó que pertenecían
a un gran país llamado España, que les protegería
y además les reportaría beneficios.
- ¿Y fue así? -pregunté, auque ya intuí
la respuesta, antes de que mi abuelo contestara.
- No. Los beneficios sólo se los repartieron los grandes
señores, ellos no se preocuparon nunca por sus gentes,
sino por aumentar sus tierras y su dinero, y entonces comenzaron
a decir que España tenía que dominar el mundo, y
para ello construyeron barcos -mi abuelo hizo una pausa-, mira
alrededor tuyo -lo hice.
- ¿Y? -pregunté ansioso, esa estaba siendo mi mejor
lección de historia.
- Hace muchos años, toda esa llanura que ves, estaba cubierta
de árboles, y esos señores decidieron talar los
bosques para hacer barcos con los que llegar a otros lugares para
decirles a las gentes que se encontraran por ahí, que en
ese momento ya no eran lo que fueran hasta entonces, sino españoles.
Y claro, para obtener tal honor, debían pagar. Eso es España
hijo, una invención de los señores para mandar en
distintos sitios. Y todos los reinos son iguales, todos los reyes
son iguales y en todos los sitios, los reyes con dinero, tierras
y ejércitos, siempre quisieron agrandar sus dominios.
- ¿Y la gente no se rebela? -dije extrañado.
- Sí, algunos. Pero son los que no lo hacen, los que acaban
con los rebeldes, los señores se lo montaron muy bien,
y así hasta hoy en día, ves a gente que no tiene
dinero para llegar a fin de mes, y dicen orgullosos que son españoles.
- ¿Y la iglesia, no dicen que hay que ser pobre?
- La iglesia dice tantas chorradas, como quieren los señores
que diga, siempre estuvieron juntos en esto. Los de la iglesia
se benefician de los ricos, y les dicen a los pobres que ellos
lo serán cuando mueran, en el reino del señor.
- ¡Otro señor! -dije muy cabreado.
- Sí hijo, al final, en la muerte y en la vida siempre
hay un señor que manda. Siempre hay un jodido reino.
- Pero güelu, todo eso de que los pobres irán al cielo
es una estupidez como la copa de un pino
¡pero si
hasta yo me doy cuenta que dicen eso para que los pobres sigan
siendo pobres!...
- España hijo mío, eso es España, una grande
y libre.
- ¿Sabes lo que te digo, güelu?
- ¿Qué, hijo?
- Que yo no quiero ser español, que me cago en España.
- Pues eso, no lo digas muy alto, que hoy en día los pobres
siguen creyendo en esas tonterías. Y como te escuchen decirlo,
algunos, te verán como su enemigo.
- ¡Son gilipolllas! -dije, muy, muy, seguro.
Niño, no digas tacos... Pero sí, y además
de gilipollas, son subnormales..."
Y ya no te pongo + fragmentos que si no, te cuento toda la historia,
lo mejor es que si te gustó, te bajes la novela que está
en el mismo archivo que el disco, pincha en el siguiente enlace:
DESCARGAR
Si
la quieres en el formato de toda la vida (un libro vaya!!), pues
ve a la sección:
Tienda
|