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FRAGMENTOS DE "AL LOBO DORMIDO"
 
 


Anotaciones de Harry

Juanjo

La infancia y el abuelo

Un mal viaje y el principio de otro + largo
Las Ratas que manejan el arte
¡Jodío abuelo!
Aprendiendo
Un buen viaje
Los músicos mercenarios
El jodío abuelo, me enseñó más que los maestros

 

Anotaciones de Harry



Mi nombre es José, pero todo el mundo me llama Harry.
Me gusta que me llamen así. A mí me gusta la lluvia, las tormentas, los días grises. Sí, hacen que me sienta triste, pero es que quizá persiga eso: la tristeza.
También disfruto del sol. No lo hago como todos, pero no dejo de contemplarlo.

Me gusta ir siguiendo el halo de vida que deja al tocar a cualquier ser vivo. Su contemplación me llena por dentro, me insufla ganas de buscar, de moverme, y quizá sea eso lo que me lleva a la tristeza. El cambio constante, el aprendizaje, el contacto con el resto del mundo... con ese mundo ajeno del que huyo el resto del tiempo.

A mí me gusta el contacto con la gente, sólo cuando lo busco. El resto del tiempo, estoy a solas con la tristeza, y así, de esa extraña forma, puedo pasar por esta vida sin sentir la necesidad de desaparecer. Así puedo caminar mientras el resto permanecen cómodos o dormidos, sin necesidad de enfrentarme a una especie de seres que JAMÁS entenderé.

Hace ya tiempo, empecé a dudar de todos los grandes valores, más allá del bien o del mal (claro que leí a Nietsche), sin atender a sentimientos que pudieran subjetivizar mis decisiones. Para ello, rompí con todo lazo afectivo hace ya mucho... y permaneciendo en soledad, decido con la objetividad de la razón qué nuevos caminos tomar, pues el día que salí de casa de mi abuelo, emprendí una búsqueda que no tiene fin.

Un fin en la vida, una puta condena: conocer, para aprender, crecer y seguir, a sabiendas, de que el camino a tomar es lo único que me queda para poder gritar: LIBERTAD.

La soledad, la tristeza y la incomprensión, son el precio a pagar. Mi condena: la soledad del lobo estepario, sin manada. La tristeza del aullido no respondido, la belleza de poder aullar... una y mil veces, y la desesperación de saberse único, la alegría de ser distinto... a todos, a todas.

La amistad, el amor, sólo son pactos de conveniencia entre personas. Tan sólo eso. Contratos donde cada parte, se compromete a "corregir" ciertas conductas, a obviar ciertos gustos, o a callar ciertas ideas.

Yo busco la pureza, el amor puro, la amistad pura, el mundo perfecto... es decir, busco sombras, quimeras, utopías... ¡fantasmas!.
Pero esa es mi búsqueda, el contacto con la pureza, la lógica de la razón irrebatible. Un sueño inalcanzable. Por eso es el mío.

La vida, se basa en conceptos llamados malos o buenos, cimentados en grandes axiomas, mal llamados verdades absolutas. Yo los llamo "Cuentos para niños". Pero de esto, hablaré más adelante.

Aprendí desde muy joven, a no creer en ellos, y mucha culpa de esto, la tiene mi abuelo. Él me enseñó que todo eran mentiras, todo. Él me presentó a la tristeza.

Y desde entonces, es mi única compañera, ella y ¡por supuesto!: la música.
Aprendí, ¡ya te digo!, a dudar de todos los valores, a ponerlos en tela de juicio, para desenmascararlos. Y así, sabiéndolos falsos, que éstos no pudieran influirme, que no pudieran alejarme de mi verdadero camino: el del conocimiento, el aprendizaje y la búsqueda de lo utópico.

Así pues, el concepto triunfo, no existe para mí. No es que no me importe, es sencillamente, que no existe, ¡y punto!
Triunfar es mentirse, es estancarse. La vida es fluir, es movimiento... ¿qué es el triunfo, sino el momento de parar para saborear lo realizado... lo conseguido?
No, el triunfo es otra mentira para detener a todo el que SÓLO QUIERE CAMINAR.

Dicho esto, quiero que entiendas que soy músico, y sin embargo, no conozco a otro músico en el mundo, que busque lo que yo de la música.
La música hace que sobreviva, y al escuchar cada día los primeros acordes de la canción de turno, me entran ganas de seguir caminando, escuchando, aprendiendo, viviendo.

El silencio no existe. Sólo en lo profundo de la cabeza, allí donde se escuchan los sueños, todo el resto: es música, y ya se sabe, la música, o es buena, o no es más que ruido.
Y en el mundo, predomina el ruido. Al menos en el mundo civilizado, en las ciudades por donde camina el ganado.
Un lugar ajeno, que nada tiene que ver con la lógica, con la razón, con el respeto... O con la VERDAD.

Hace ya tiempo, decidí no discutir, aún cuando llevo razón y lo sé. Todos deberíamos aprender a saber si llevamos o no razón.
A todos deberían habernos enseñado a callar, cuando no la llevamos.
¡Pero no!, la educación que se le impone a un niño, no es más que formarle para que las mentiras, pasen por verdades y que a ser posible, ni se pongan en tela de juicio.

Preguntarse, es buscar respuestas, y para qué vas a preguntar, si todas las "verdades" están en los libros, en sus libros... ¿y los otros libros?
Afortunadamente, mi abuelo no me enseñó otra cosa que a preguntar, y yo no aprendí sino, a buscar las respuestas, más allá de los libros, de las leyes, de las normas de conducta, de la moralidad, de la corrección o del ridículo.

Todos estos conceptos, no son más que un modelo ilógico de comportamiento, una forma de asumir la sin razón, la imposición de un respeto basado en lo ficticio, cimentado desde la mentira.
Respeto a los mayores, respeto a los señores, respeto a la autoridad... Y a ti y a mí: ¿quién nos respeta?

Dicho esto, entenderás que carezco de educación y buenos modales, aprendí a zafarme de ellos. No son buenos modelos de aprendizaje, si lo que se persigue es la razón o incluso la sabiduría, que no es más que la suprema expresión de la razón en su forma más plena.
El sabio habla, porque sabe de lo que habla: porque lleva razón. Llegado a este punto, he de presentarme mejor...



Juanjo


Mi amigo Juanjo, ese sí molaba. Vivía en Moratalaz.
No recuerdo cómo le conocí, pero pasé un par de años, yendo a su casa al menos una vez por semana. Allí pasé los mejores ratos de entonces.

Juanjo, era un camello honrado. De eso me di cuenta más tarde, cuando llegué una tarde a su casa, y vi unas tiras de esas que pone la policía en la puerta de la casa de alguien al que acaban de detener, al que siguen investigando.
No olvidaré aquella tarde en la vida.

Tendría yo, unos trece años, por entonces mi pelo pasaba ya de los hombros, lo llevaba largo y rapado por los lados, como siempre.
La casa de Juanjo era una de esas bajas, su puerta daba directamente a la calle, yo siempre dejaba allí la bici y entraba sin llamar. Pero ese día la escondí tras la casa, y me aseguré muy bien de que nadie me viera entrar. Evité los precintos policiales, y me escurrí hasta dentro.
Estaba todo revuelto, los discos de vinilos tirados por el suelo… ¡Hijos de puta! (pensé imaginando a la policía haciendo "su trabajo").

Los vinilos de Juanjo

Al ver todo aquel desorden, imaginé lo que habría sucedido. La policía que buscaba droga debió pensar que estaría escondida entre los discos, entre la ropa de mi amigo, o entre sus fotos, o entre los recortes de prensa que él guardaba escrupulosamente. Recortes de artículos en los que se hablaba de Fidel Castro, del Ché, de Nicaragua, de Sendero luminoso, de Allende, de "OTAN no", de los últimos anarkistas de Catalunya, del Grapo, de manifestaciones contra el régimen anterior, de detenciones ilegales, de presos políticos, de la vida, o lo que de ella sacaba mi amigo.

Juanjo siempre hablaba de las grandes causas y de los grandes hombres. Él me contó una y mil veces la vida de Ernesto Guevara. Él, y no la escuela, me explicó que Pinochet, no es un anciano venerable, sino un asesino, que apoyado por la C.I.A. quitó de su cargo electo a un señor al que toda la clase baja chilena admiraba: a Salvador Allende. Juanjo, me enseñó a situar en un mapa a Israel y al verdadero estado al que usurparon su tierra: Palestina.

Y todas esas charlas, podía recordarlas una a una, tan sólo con mirar al suelo y evitar a cada paso pisar sobre algún recorte, que Juanjo había clasificado y guardado cuidadosamente para algún día, enseñarle otra verdad, a alguien como yo.
Hasta que la policía y su rigor profesional se ocupara de volver a ponerlo todo en su sitio. Miles de papelotes rotos volaban por la habitación, yacían hechos añicos entre los restos de lo que había sido mi mejor aula.

No pude evitar que unas lágrimas emborronaran una imagen del Ché, donde se le ve riendo con un gran puro en la boca, junto a Fidel Castro… aún lo tengo guardado.
Pasé allí esa tarde contemplando todo lo que pude, para guardar todo aquello en mi memoria, para no olvidar cada una de las charlas con él, para no dejar que todo aquel esfuerzo, cayera en saco roto.

Y antes de marchar, cogí todos los vinilos que pude y me los llevé con el ánimo de guardarlos para que mi amigo no los perdiera, para que nadie se los llevara de allí.
Hice una mochila, y en ella eché: treinta y cinco discos en vinilo, siete libros y todos los recortes de prensa que pude salvar del destrozo y la falta de respeto de la policía.

Al llegar aquella noche a la casa de mi abuelo, le pregunté si podía utilizar su viejo tocadiscos y él lo desconectó de su lugar y lo puso en mi habitación, me dijo que ya era hora de que alguien renovara la música que salía de su pequeño bafle. Y sin preguntarme de dónde había sacado ese montón de vinilos, se quedó mirándome desde el quicio de la puerta, y preguntó: "¿todo bien?". Mis ojos respondieron por mí... él no se acercó para consolarme. Sabía - lo sabía mejor que nadie- que era un momento para compartir con mi amiga, la soledad.
Antes de dejarme a solas con ella, dijo: "escucha todo, aprende de todos ellos, y quizá todo valga para algo", y cerró la puerta de mi habitación.

Recuerdo que sin limpiarme los ojos, me levanté y puse un disco de Pink Floyd: "wish you were here". Y mientras lo escuchaba por segunda vez en mi vida, recordé la vez que Juanjo me lo puso en su casa, unos meses antes.

Todas las tardes que iba a verle, escuchábamos un nuevo disco, me recomendaba un buen libro y nos fumábamos un buen porro. Él vendía hachís, y aunque yo nunca fui a pillarle, él siempre fumaba y a pesar de mis trece años, lo compartía conmigo. Más de una vez tuvo que decirme: "¡para!, eso no se fuma así". Él me enseñó a disfrutar de los porros. Casi nadie disfruta de ellos, sólo los fuman para colocarse, sin sacar una contrapartida de ellos.




La infancia y el abuelo

Recuerdo el viaje de vuelta de Asturias a Madrid, mi abuelo me habló sobre el amor, el matrimonio, los pactos... a mí me despejó muchas de las sombras que se habían formado sobre mi ánimo la noche anterior:

" ...
- ¿Cómo se llama la chica?
- Ana -le repondí, sin dejar de mirar por la ventanilla, cosa que siempre hacía cuando mi abuelo conducía. Pero aquella vez, lo hice para que no se fijara en las lágrimas que desangraban mis ojos sobre el coche.
- Pues anda que no hay Anas en el mundo...
- Pero ninguna como ella abuelo, ¡no me jodas!
- Niño -fingió cabrearse- ¡no digas tacos, joder!... Pues claro que sí hijo, como busques el amor, estás jodido. Mírame a mí, que lo encontré y duró muy poco, ¡tu abuela podía haber vivido más tiempo, hostias!...
- ¡No digas tacos abuelo! -le repliqué de inmediato, hasta dejé de llorar.
- Pues mira sí hay que decir tacos de vez en cuando..., ¡me cago en la puta que parió...! -recuerdo que mi abuelo se excitó tanto, que dejé de mirar por la ventanilla. Por otro lado, ya no lloraba, y después de salir de Asturias, todo me parecía horrible-
- Mira hijo, yo me casé de penalti, y eso que a tu abuela la quería, pero lo hice joven. También ella murió joven, pero vivo una vida obligada, no la que querría haber vivido. No hagas lo mismo que yo, conserva esa libertad de poder ver un valle verde cuando te venga en gana, sin depender de nadie. El mundo está lleno ya, ¿para qué traer más gente a él?... ¡Si sobra la mitad!. Por ejemplo, ¿tú crees que los matrimonios son lo que dice la iglesia? -no me dio tiempo a contestar-, ¡que le den por el culo a la iglesia!, esos quieren que el hombre siga engañado, encauzado y que nada cambie, y así seguir ellos ahí, dónde están, de donde nadie les quitó, porque lo hicieron bien los jodíos. Se inventaron sus mandamientos, sus pecados, la gente se lo tragó, y ellos a vivir del engaño: que dios dice esto, que dios dice lo otro… Pues nadie escucha a dios, sino a sus delegados en la tierra, ¿no será que dios no existe, y ellos dicen que "dice" lo que ellos quieren que haga la gente para seguir mandando?
- Dios no existe, es imposible -dije muy seguro, sigo diciendo muy seguro.
- No es imposible, es un negociazo. Pero la gente no se da cuenta, y así con todo. El amor: la gente se ata a alguien, porque lo dice dios, y tienen que querer a esa persona toda la vida. ¿Tú te crees que si el matrimonio se basara en el amor, existirían las putas?
- Joder abuelo... ¡yo qué sé!
- Pero tú sabes lo que hacen las putas... -yo bajé los ojos, asintiendo de algún modo-, ¡Ni joder, ni hostias!, ojo, que no digo que el amor no exista, pero no así, a través de un contrato. No, así no.
-No, si yo no quiero casarme -le dije sinceramente, y comprendí que casi mejor haber amado a Ana, sin haber pasado por lo del contrato. ..."

Un mal viaje y el principio de otro + largo (ningún viaje es malo)

Recuerdo otra puerta inmensa, que tardó en abrirse mil años, y dos figuras que se besaban en aquel marco luminoso.
Recuerdo un disco sonando "In a gada da vida", y la luz, que salía del plato, un arco iris no de siete... sino de SIETE MIL colores, que cambiaba la textura de las cosas al rozarlas.

Recuerdo la pared, estaba hecha de un material elástico que se encogía o se expandía, al recibir el impacto sonoro de los graves del bajo de los Iron buterrfly.

Recuerdo una voz de repente: "Harry"... y unos ojos como los de cañete, pero no eran suyos, eran de un ser igual a él, solo que era otro. No hablaba igual que él, tenía rasgos no humanos, pero era él. Yo hablé... creo... "¿cómo me ves a mí?"... "un espejo", dijo aquel ser... "necesitamos un espejo Harry"... "sí", dije yo.

Recuerdo un espejo en la oscuridad, al fondo, como a tres o a cuatro kilómetros en su interior, cuatro ojos que nos miraban. Nuestro reflejo se había rebelado contra nosotros y eran ellos los que mandaban en la situación. Pasamos allí un buen rato, hasta que el espejo pareció gritarnos -eso sentimos ambos- ¡FUERA DE AQUÍ!...

Recuerdo pensar una y mil veces: "hay que pirarse de aquí".

Recuerdo la voz de aquel ser que ocupaba el cuerpo de cañete... "sí, hay que pirarse de este país". "De este país de mentira", zanjé yo, y sin decir nada más, cogí mis cosas y le dejé allí.

Yo salí a la calle, ya estaba amaneciendo y no me apetecía moverme hasta el bus, así que fui pateando, a paso rápido llegaba en menos de una hora a mi casa.
Y seguí el camino de las vías del tren...

Recuerdo ese amanecer, puesto que yo caminaba hacia el sol, hacia el este, y según iba sacando conclusiones, él, lo iba iluminando todo de forma más intensa, más bella, más triste.

Recuerdo un tren, al que yo veía como un gran dragón que venía a por mí, recuerdo el salto que pegué para dejar las vías cuando tuve un atisbo de realidad y me di cuenta del peligro.

Recuerdo que pensé... "hay que viajar"...

Recuerdo que al llegar a casa, mi vecina Juanita, estaba esperándome en la puerta.
Recuerdo cómo lloraba la hipócrita.

Recuerdo que la mandé a tomar por el culo, cuando pronunció la puta frase: "tu abuelo hijo..."

Recuerdo mi respuesta: "yo no soy tu hijo, y además ¿quién eres tú para llorar por la muerte de mi abuelo?"

Recuerdo abrir la puerta, dar un portazo, apoyarme de espaldas a ella, respirar hondo y caer al suelo de puro dolor. De una extraña forma, me sentía liberado, me sentía hundido, me sentía solo, volvía a sentirme VIVO. Otra vez, el ying y el yang, mi abuelo había muerto, ya podía escapar de allí.


Las Ratas que manejan el arte

Espera voy a poner música... ¡Bendito e-mule!

La última semana, me he bajado unos grupos... ¡de los más conocido vaya!, casi todos ellos del sello inglés "Peaceville". Música oscura, triste y anti comercial.

Si no existiera el e-mule, la música hubiera caído definitivamente en las garras de los comerciantes.

El individuo pobre, en este sistema, no tiene derecho a escuchar más que lo que puede pagar, es decir, poca cosa al precio que están los discos, de los que el artista en el mejor de los casos, lleva el cinco o el seis por ciento de las ventas... ¿quién se lleva el resto?: Pues esos mismos que persiguieron al Napster, y ahora al e-mule.
ESOS MISMOS QUE ENCARECEN EL PRECIO DE LOS DISCOS PARA QUE TÚ Y YO, NO PODAMOS TENER ACCESO, MÁS QUE A LO QUE NUESTRO SUELDO NOS PERMITA.
¡¡¡ME CAGO EN SU PUTA MADRE!!!
Piensa en ello, mientras yo pongo el disco... ahora estoy contigo.

¡Jodío abuelo!

Mi abuelo, siempre me regañaba por alardear delante de ellos:

"...
- ...Además la mitad de las cosas que cuentas son mentira, ¡que te escuché varias que...!
- ¡Qué más da! -le decía yo-, si nunca van a salir de aquí…
- ¡No digas eso guaje! -el güelu se cabreaba cada vez que menospreciaba al resto-, Nunca... y ¡digo nunca!... ¿oíste? -eso me lo decía cuando quería que yo prestara atención. "Sí", asentí con la cabeza-... ¡Nunca presumas con la gente, de lo que ellos no tienen!
- Pero abuelo, si son ellos los que empiezan a presumir siempre -me refería a sus bicis, a sus juguetes, a todo lo que un niño que va con una orquesta desearía tener para jugar con ellos, pero que en ese momento no lo tiene, y le hace ser distinto, y por supuesto INFERIOR.
- Sí, pero ellos presumen de cosas que tú podrías tener. De cosas, ¿oíste? -y entonces, me miraba muy fijamente-, Pero tú les haces soñar.
- ¿Y qué hay de malo en ello güelu?
- Que el mundo les enseña otra cosa. ¡Sus padres les enseñan otra cosa!, ¡los maestros les enseñan otras cosas!
- Les enseñarán lo mismo que a mí... ¡vamos, digo yo! -decía muy seguro.
- No hijo, porque hay muchos de ellos que sus maestros son curas, y esos no dejan soñar a nadie, ¿oíste? Otros, sus papás son guardias, terratenientes, gentes del campo o incluso militares, y ninguno de esos papás va a enseñarle nunca a soñar a su hijo.
- ¿Y qué les enseñan? -le preguntaba yo, mucho menos seguro y mucho más asustado...
- Les enseñan a trabajar, a no dar voces, a ser mayores. Y cuando se es mayor... ¡de esa forma claro! -puntualizaba siempre-... ¡No se puede soñar! Les enseñan a obedecer, a matar si hay que hacerlo, les enseñan a ser fieles al rebaño.
- No entiendo, ¿a qué rebaño?... ¿No son hombres?
- Sí, pero los que mandan: sus papás, los curas, los guardias, los que tienen tierras, los que las trabajan, les enseñan a vivir como los borregos. Nacen hombres hijo, y el mundo les convierte en borregos... -en esta parte, se ponía muy serio-. Y tú no puedes ir alardeando de que tú viajas, de que tú conoces sitios que ellos nunca conocerán, de que puedes hacer cosas, que sus papás no pueden comprarles... ¿entiendes?
- Sí, -le respondí muy seguro... muy triste- ¡vamos, que no puedo jugar con ellos!... Porque a mí no me gustan sus juegos, ¿sabes?
- Y entonces, tu forma de hacer amigos, es contarles mentiras... ¡Parece que así quieras reírte de ellos!
- No me gustan los niños abuelos, dicen muchas tonterías y siempre están riñendo. Como no saben, todos creen saber más que nadie...
- ¡¡¡BINGO!!!, tú lo dijiste -y zanjaba el asunto-, así que intenta pasar desapercibido. Si no te gustan sus juegos, pasa de ellos, pero nunca... Y DIGO NUNCA, les restriegues en sus narices, que tú ves el mundo de otra forma a la suya, no se puede discutir con quien no sabe... ¿oíste?
- ¡Claro güelu!
- Pues eso ye fíu, eso ye lo que hay.... -llevaba razón: ¡eso es lo que hay!..."

Mi abuelo, a su forma, tampoco se doblegó nunca ante nadie...


Aprendiendo

Una noche tuve una charla interesante acerca de este tema con el cañete, estábamos en Hamburgo en un bar del barrio donde pasamos los días que allí estuvimos, en el viaje del que antes te hablé. Ese barrio era Altona. Por entonces destripábamos el libro de Escotado: "Aprendiendo de las drogas".

"...
- No me cansaré en la jodida vida, de leer esta nota -decía el cañete. -y leía unas notas introductorias, muy bien elegidas por el autor-: ...De la piel para adentro empieza mi exclusiva jurisdicción. Elijo yo aquello que puede o no cruzar esa frontera. Soy un estado soberano, y las lindes de mi piel me resultan mucho más sagradas que los confines políticos de cualquier país.
- "Anónimo contemporáneo" -añadí yo, ya lo había leído, ambos lo habíamos leído mil veces.
- A la gente le enseñan a decir "no a las drogas" -el cañete también se daba cuenta de todos los cuentos para niños-, pero nadie les dice: "lee este libro, en él hay datos REALES sobre dosis, efectos, contraindicaciones, posibles reacciones entre las sustancias, etc"...
- La ignorancia es la fuerza, -dije yo, parafraseando a Orwell, de nuevo 1984. Y es que mira que es grande ese libro.
- Pero no la fuerza del individuo, ¡no!, ¡Ése que diga NO a las drogas...!
- Y que sean LEGIÓN, como en la biblia, que todos luchen contra los sabios, que son los únicos capaces de cambiar el mundo. No, que todo siga igual, el borrego desinformado, y la fuerza de la que hablaba Orwell.
- Para el estado.
- Para la iglesia, para la banca, para las empresas multinacionales.
- Para la burguesía, para los nuevos ricos, para todo el que saque tajada.
- Hablando de tajada, si legalizaran las drogas y nos enseñaran sus efectos, sus beneficios, sus perjuicios, ¿tú crees que habría tanto rico?
- Mira, -abriendo el libro por cualquier página-, si dijeran la verdad sobre las drogas, se acabaría la industria farmacéutica tal y como la vemos hoy.
- NUNCA DICEN LA VERDAD. SÓLO CUENTOS PARA NIÑOS
- La verdad hay que buscarla, sólo llega a ella el que la busca.
- Y descubre que no existe, que la verdad es distinta para cada uno: "yo soy mi propio soberano".
- Y yo el mío.

Si no leíste el libro... ¡hazlo!, pero no digas simplemente NO A LAS DROGAS. Entérate de que las drogas no son venenos, no son malas o buenas. Sólo su dosis las hace buenas o malas, y además, depende del que las tome.
Como dijo Paracelso, "la diferencia entre veneno y medicina, es simplemente la dosis".



Un buen viaje

Treinta libras, que al cambio, serían unas siete u ocho mil pelas de las de entonces, y más de un mes por delante.
Pero Tim conocía la ciudad, sabía dónde podríamos sacar pasta, los tres juntos, sin que su viejo se enterara.
¿No te dije que soy músico?

Pues aquel chico inglés, era el mejor cantante que escuché en mi vida, y sabía de memoria todas las canciones de New Model Army. El cañete las guitarras, y yo improvisaba unas melodías que enriquecían esas canciones, y así la gente se paraba a escuchar nuestras versiones, conciertos improvisados que dimos en varios puentes del Bridgewater canal, en Victoria Station, en las puertas de Old Trafford, en Picadilly Station, en Chester road, en todos los parques del campus universitario...

Así estuvimos más de un mes, conocimos todos los recovecos de Manchester, la ciudad dónde había que estar si te interesaba la música.
En España, estábamos... estamos, a años luz de la "movida de Manchester".
En unos días, cañete volvió a llamar a su viejo, para decirle que se quedaba allí, que habíamos encontrado un piso, y que él no pensaba volver a España, al menos en un tiempo.

Pero lo mío era distinto, estaba el idioma, hiciéramos lo que hiciéramos, yo me perdía algo, no entendía más que a Tim. Del resto, siempre estaba al margen, y no es por el tópico de que los ingleses son muy cerrados, que claro que lo son, ¡como en todos los sitios, coño! No, no era por eso. Porque poco a poco empezaba a pillar el idioma, ¡tampoco es tan difícil, joder!, pero es que allí era el más extranjero del mundo, no en cuanto al país contra mí, sino a mi aptitud ante aquel sitio.

Hoy me hubiera quedado, pero entonces quería seguir buscando gente distinta, y auque allí se respiraba diferencia, se respiraba música no fotocopia de otra música. Si no puedes hablar utilizando todos los matices que el lenguaje te ofrece, entonces el mediocre eres tú, el que no tiene nada que decir eres tú. Así que abrí bien los ojos, ¡las orejas, por supuesto!, me empapé de los olores de aquella isla que me recorrí de cabo a rabo en el bendito AX del cañete, junto a Tim, y decidí volver al país donde nací, no a mi país. ¡Eso es otro cuento para niños!, ¡no!, me refiero al sitio donde puedo hablar con gente que al menos, entienda lo que quiero decir, sin tener que gritar solo y frustrado, en una incomunicación que se convierte en la peor de las cárceles.

Hace poco vi una peli que cuenta la historia del movimiento musical que salió de Manchester a finales de los setenta, con el nacimiento de bandas como Joy Division, de un sello discográfico que hoy es una leyenda, una compañía que no tenía contrato con sus grupos, propiedad -junto con otros socios igual de locos que él- de Tony Wilson.

Podría contarte yo esa movida, la de Manchester, pero lo hace mucho mejor el director británico Michael Wintherbottom, en esa peli: "24 hours party people". Píllala en un video club o bájatela, que en ella está reflejado ese Manchester que me dejó fascinado, del que yo puedo hablarte de pasada, o puedes ver esa peli, contada por alguien de allí.

En ella, Factory Records, que así se llamó esa compañía discográfica independiente de verdad, recibía una oferta de cinco millones de libras, por parte de London Records.... Una multinacional de entonces.

El loco Tonny, le decía al director de London: "Factory records no es una empresa"-mirando los discos de oro que colgaban en la pared JOY DIVISION, NEW ORDER, THE HAPPY MONDAYS... "...Este, es todo el papeleo que tenemos con nuestros grupos..." entonces Tonny, descuelga un papel enmarcado junto a los discos de oro, y se lo enseña al ejecutivo londinense. El papel estaba escrito con su propia sangre (y esto es histórico) y lee:
"los artistas poseen su trabajo, la compañía no posee nada. Nuestros grupos tienen libertad, para largarse cuando quieran"
Entonces el londinense dice riéndose "no pintáis nada"
A lo que Tonny Wilson, responde:
"Sí, pero mi epitafio será que yo, NUNCA, ni metáforica, ni literalmente hablando, ME VENDÍ. Me he protegido, ya que no puedo venderme al no tener nada qué vender"
"Tonny, estás como una puta cabra", dijo alguien
"Ésa, es una opinión"
Zanjó Tonny.

Si quieres conocer el Manchester del que te hablo, tienes que ver esa peli.
En aquel viaje conocí sensaciones, que nadie podrá contarme jamás.

Descubrí lo que significa "tocar por tocar", por amor a la música, por supervivencia, por la supervivencia de un sueño, tocar para seguir soñando: tocar para SEGUIR viajando.

Descubrí el sonido del viento en el norte de Inglaterra, que no suena como en el resto de los sitios donde estuve... ¡de veras!

Descubrí ese paisaje gris y verde, del que hablaban NMA en su "green and grey", descubrí su magia, y su maldición.

Descubrí que el sur, nunca tiene nada que ver con el norte.

Descubrí que el Rock, es un invento anglosajón, que ellos están a años luz de los españolitos que piensan que inventan algo cuando hacen Rocanrol.

Descubrí, que los mejores souvenirs para cualquier viaje, son los que llevas dentro de tu cabeza, lo que has aprendido en él, y eso no tiene precio. Yo ni siquiera guardo las entradas de los conciertos, nunca lo hago, tampoco fotos.

Descubrí, que siempre que cierre los ojos con fuerza y recuerde cada una de las sensaciones vividas, podré estar de una forma u otra en los sitios donde ya estuve, esos especiales, que nunca se olvidan.
Recuerdo el "círculo de los druidas", una gran formación megalítica en el sur oeste de Inglaterra.

Recuerdo el viaje por Escocia, sus carreteras estrechas entre prados que siempre acaban en lejanas y oscuras montañas. El lago Ness y sus brumas... Recuerdo haber metido los pies en él, mientras pensaba, "si existe el monstruo, que me coma los pies si tiene huevos, si no lo hace, es que no existe", los tuve más de media hora en remojo, ¡y hacía frío!. "¡No existe el jodido Nessy!", pensé... No muy seguro.

Recuerdo al cañete y a Tim, despidiéndose de mí en el aeropuerto. Ellos parecían más tristes que yo. Recuerdo que pensé: "la de cosas que voy a tener que contar cuando llegue". No recuerdo llorar hasta que despegó el avión y entonces pude ver desde al aire, por vez primera, esos valles verdes y grises de los que hablaba la canción de NMA.

Recuerdo que en aquel viaje, pensé: "me he paseado por todo Inglaterra, por Europa, con una chupa que pone te odio y no he tenido ningún problema".
Cuando te metes explícitamente con los borregos, no lo entienden, creen que la cosa no va con ellos, nunca tienen la sensación de pertenecer a rebaño alguno.
Ellos piensan que son libres.

Ese es el tema, no se lo digas a uno en concreto. No le digas "eh tú, eres un borrego", sin embargo, prueba a decir: "el mundo está lleno de borregos" y entonces, serán ellos mismos los que te digan "tienes razón", nunca tienen conciencia de pertenecer al rebaño. CREEN QUE SON LIBRES.
Y tú, ¿eres de los que buscan la libertad,

o de los que creen ser libres?



Los músicos mercenarios

Recuerdo un día que hablábamos con otros músicos en la sala donde él trabaja, yo acababa de tocar. Había pasado un tiempo desde el famoso tripi:

"...
- Este tío es el demonio. -El ena hablaba de mí a sus compinches, músicos de sesión, que cómo él, miraban expectantes a ver quién sacaba su papela y ponía unas rayas de coca- ¡¡¡Es el puto mal!!!
- Sí, yo para gente como El ena -dije mirando al resto- soy el puto demonio -y agarrándole por el cuello sin que él se lo esperara, añadí: - ¿Verdad enano?
- Vale tío, vale -dijo uno de ellos sin entender que El ena se había ganado mi reacción años antes, aquella noche en la playa. Eso no lo explicaba, sólo decía que yo era el demonio, nunca explicaba el porqué.
- No tranquis, si el ena y yo somos viejos amigos -y al ver como se relajaban al soltarle del cuello, saqué una papela que había pillado aquella noche y se la tiré a la mesa...-Poneros que yo marcho a casa.
- ¡Hey tío, gracias! -dijeron todos-, ¿Tú no quieres? -cuando vieron que no, ya que marchaba, El ena siguió hablando de mí, y aunque yo ya no estaba entre ellos, pude escucharle decir en voz baja:- Ya os dije que está un poco loco, es el puto demonio, pero es buena gente. Venga nos ponemos la coca… ¡joder, si tiene el medio gramo intacto!..."


Así que para esa gente, yo soy el loco, el demonio, el mal como dice El ena. Puede ser, pero yo seguí mi camino. Y antes, me hice una coleta para que leyeran el mensaje de mi chupa: "I HATE YOU". Y marché despacio.

Ellos, deben seguir allí, poniéndose rayas, siempre lo hacen, criticando a los chavales que acaban de tocar en aquella sala donde mandan los músicos, la cocaína y la frustración. Puede ser que yo sea el loco, pero al igual que aquel vagabundo, prefiero serlo a ser COMO ELLOS.



El jodío abuelo, me enseñó más que los maestros

Recuerdo a mi abuelo, él ya me lo advirtió...

"...
- ¿...Güelu? -intenté llamar su atención después de más de una hora de silencio. Viajábamos de vuelta a Madrid, en uno de aquellos veranos, cuando todavía "íbamos de gira". Veníamos de Euskadi... de Euskal Herria, que así se llama realmente.
- Creía que dormías -respondió, como saliendo de un trance, en el que sólo él sabía qué se le estaba pasando por la cabeza.
- No -respondí-, estaba mirando por la ventanilla -no dormía, nunca lo hacía. Nunca lo hago, a mí me gusta viajar, creo que ya te lo dije, y me gusta porque me muevo, pero si no lo veo, me parece que no llegué a viajar. Casi todas las ciudades son iguales, así que si no miras por la ventanilla, es como si te teletransportaras. Bueno una vez sí me dormí, sí hubiera querido tele trasportarme. Pero luego te lo cuento.
- Eso está bien, así siempre sabes de dónde vienes y a dónde vas.
- Y por dónde pasas, aunque nunca pares en esos lugares -mi abuelo flipó con mi respuesta, pero no dijo nada, me dejó continuar-... ¿Todo esto es España?
- Sí hijo, no llegamos a salir del país, de hecho nunca salimos de él.
- Pues ésto -refiriéndome a Castilla, aunque entonces no supiera su nombre-, no tiene nada que ver con las vascongadas.
- No se llama Vascongadas, eso es como lo llamó Franco, se llama Euskal Herria. Y llevas razón, no tiene nada qué ver, ni Asturies, ni Galicia, ni Catalunya. Ninguno de esos lugares tiene que ver con Castilla.
- ¿Y por qué a todo se le llama España? -toma pregunta, debió pensar el mi güelu.
- ¿Ves aquel monte? -dijo tras un rato de silencio. Sobre su cima, un castillo se alzaba sobre todo, lo dominaba todo desde allí.
- Sí... ¿lo dices por el castillo?
- Sí, hace muchos años, los ricos vivían en esos castillos y la gente trabajaba en los campos que los rodean. Entonces, los dueños de los castillos, les decían a la gente que trabajaba, que las tierras eran de ellos. Y para poder trabajarlas, para poder vivir de ellas, tenían que pagarles una parte de lo que sacaban de ellas.
- ¿Por qué? -pregunté yo extrañado, hoy en día sigo haciéndome la misma pregunta extrañado.
- Porque así ellos no tenían que trabajar. Pero además les decían que si algún señor de tierras lejanas venía con su ejército, ellos les defenderían de su ataque, y entonces además de pagarles, los hijos más fuertes de los que trabajaban, pasaban a formar parte del ejército que el señor de turno formaba para proteger sus tierras. Pero la mayoría de las veces, eso no era así, sino que ese señor quería más tierras y utilizaba al ejército, no para proteger a los agricultores, al pueblo, si no para agrandar sus dominios.
- ¿Y nadie se quejaba? - de nuevo pregunté extrañado.
- A los que lo hacían, los liquidaban esos mismos soldados.
- ¿A su propia gente?
- Sí hijo, a su propia gente, porque en todos los ejércitos, los soldados reciben órdenes, y si no las cumplen, entonces son ellos los que son aniquilados.
- ¡Vaya mierda, güelu!
- Sí hijo, vaya mierda, pero es así. Sigo con la historia: entonces invadían otras tierras y el señor tenía que pedir a los agricultores más dinero, para aumentar su ejército porque tenían más terreno que defender. Pues así es como empezó España. Señores de esta tierra llamada Castilla, extendieron sus dominios hasta el mar, y se anexionaron todas las tierras haciendo lo mismo en cada sitio. No todos aceptaban, pero sus ejércitos eran cada vez más fuertes. Y en el norte...
- ¿Euskadi y Asturies no? -pregunté para que viera que me había quedado con los conceptos.
- Sí hijo, en Euskadi y en Asturies, no había ese tipo de señores. Ya viste que allí el terreno es mucho más montañoso. Allí la gente estaba acostumbrada a vivir de otra forma. A eso se le llama otra cultura, pero no pudieron enfrentarse con ejércitos tan grandes como los de los Castellanos. Entonces, para no perder una batalla desigual, aceptaron pagarles también. A todo eso le pones un nombre, porque claro, la gente tiene menos miedo si pertenece a algo, y entonces comenzaron los distintos reinos. Sus señores, los llamaban con un nombre y sus ejércitos llevaban una bandera, para distinguirse del resto, y entonces un día los señores con mayor número de soldados, hicieron tratos con los señores de cada sitio y todos se unieron bajo un mismo ejército, bajo una misma bandera, aunque a la gente del pueblo, ésto les supuso más dinero que tenían que pagar. Se les contó que pertenecían a un gran país llamado España, que les protegería y además les reportaría beneficios.
- ¿Y fue así? -pregunté, auque ya intuí la respuesta, antes de que mi abuelo contestara.
- No. Los beneficios sólo se los repartieron los grandes señores, ellos no se preocuparon nunca por sus gentes, sino por aumentar sus tierras y su dinero, y entonces comenzaron a decir que España tenía que dominar el mundo, y para ello construyeron barcos -mi abuelo hizo una pausa-, mira alrededor tuyo -lo hice.
- ¿Y? -pregunté ansioso, esa estaba siendo mi mejor lección de historia.
- Hace muchos años, toda esa llanura que ves, estaba cubierta de árboles, y esos señores decidieron talar los bosques para hacer barcos con los que llegar a otros lugares para decirles a las gentes que se encontraran por ahí, que en ese momento ya no eran lo que fueran hasta entonces, sino españoles. Y claro, para obtener tal honor, debían pagar. Eso es España hijo, una invención de los señores para mandar en distintos sitios. Y todos los reinos son iguales, todos los reyes son iguales y en todos los sitios, los reyes con dinero, tierras y ejércitos, siempre quisieron agrandar sus dominios.
- ¿Y la gente no se rebela? -dije extrañado.
- Sí, algunos. Pero son los que no lo hacen, los que acaban con los rebeldes, los señores se lo montaron muy bien, y así hasta hoy en día, ves a gente que no tiene dinero para llegar a fin de mes, y dicen orgullosos que son españoles.
- ¿Y la iglesia, no dicen que hay que ser pobre?
- La iglesia dice tantas chorradas, como quieren los señores que diga, siempre estuvieron juntos en esto. Los de la iglesia se benefician de los ricos, y les dicen a los pobres que ellos lo serán cuando mueran, en el reino del señor.
- ¡Otro señor! -dije muy cabreado.
- Sí hijo, al final, en la muerte y en la vida siempre hay un señor que manda. Siempre hay un jodido reino.
- Pero güelu, todo eso de que los pobres irán al cielo es una estupidez como la copa de un pino… ¡pero si hasta yo me doy cuenta que dicen eso para que los pobres sigan siendo pobres!...
- España hijo mío, eso es España, una grande y libre.
- ¿Sabes lo que te digo, güelu?
- ¿Qué, hijo?
- Que yo no quiero ser español, que me cago en España.
- Pues eso, no lo digas muy alto, que hoy en día los pobres siguen creyendo en esas tonterías. Y como te escuchen decirlo, algunos, te verán como su enemigo.
- ¡Son gilipolllas! -dije, muy, muy, seguro.
Niño, no digas tacos... Pero sí, y además de gilipollas, son subnormales..."



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