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FRAGMENTOS DE "ellos te quieren dormido... Despierta!"
 
 


Seis contra uno a que no despierto
(poema)

BAKALAO CON PATATES
(fragmento relato)
La luna helada: la mía
(poema)


 

Seis contra uno a que no despierto



Un mundo en la hoguera

una bomba en el cielo

una herida en el bosque: otro lobo en un cepo


Un recorte de prensa

un futuro desierto

los hombres que matan y además por un precio

Seis contra uno a que no despierto, tragar sus patillas, tan sólo haré eso...


Una iglesia en la bolsa

un muro hasta el cielo

unos niños con moscas: tan sólo son negros

Un pasado olvidado

una silla de amperios

un dinero con sangre: un señor y su imperio

Seis contra uno a que no despierto, tragar sus venenos,

tan sólo haré eso...


Una envidia cochina

un señor que es minero

una costa da morte: una costa de negro

Un dictador venerable...

o un anciano culpable?

un señor con bigote, una cuenta atrás imparable,

Seis contra uno a que no despierto

inyectar su negocio, para una muerte amable


Una jet que se ríe

una mujer de cartón piedra

un chalecito en Marbella: un jeque y toa su juerga

Unas chabolas con SIDA

un joven con pistola

un cochazo de repente: ¿a que ser yonqui no mola?,

Seis contra uno a que no despierto, tirar hacia atrás del gatillo,

aquí juntito a mi cara..aquí disparo certero.


Una empresa que manda

un nuevo y carísimo virus

un mundo superpoblado: esto no se arregla con tiros

Un río que estaba sano

un astronauta lanzando basura

un ser homo... no sapiens: que malvive con la usura,

Seis contra uno a que no despierto, tragar sus past... mentiras

¿tragar sus mentiras?...


Millones de padres que aman

millones de gentes sinceras

millones sin voz ni voto: millones que mueren en guerras


Millones de risas escucho

millones de gentes pequeñas

millones de voces reales... millones de claros en la tormenta


Seis contra uno a que despierto, si dejo de tragar con su mierda

Mañana tras soñar con mi sueño, estaré activo, frío: ¡alerta!

Mañana no rondará mi soledad, sino la gente de alma sincera

Y juntos dormiremos, tan sólo para soñar con nuestra mente... despierta!

 


Fragmento del relato corto: BAKALAO CON PATATES

 

Pepe

    Viernes por la noche... son las diez, en la calle hace "rasca", ya se le empiezan a ver las orejas al invierno...

    Pepe acaba de salir de la estación del tren de cercanías de Vallecas, está temblando y el cartel que indica el nombre de dicha estación: "Sierra de Guadalupe", poco a poco va empequeñeciéndose a espaldas de José Luis -que así le llamaron en otros tiempos-, que anda maquinalmente hacia adelante por una calle donde entre la pequeña acera y el bordillo se forman grandes regueros de agua que en varios de sus tramos, invaden los surcos y hendiduras del pavimento por donde camina.

    Tras un par de horas de tregua y silencio, la lluvia ha reanudado su ritmo, un medio tiempo que no llega a empapar, y sin embargo alentado por una constancia infinita, a Pepe se le ha comenzado a calar el alma.

     Las personas que se le cruzan, no se detienen a observarle, le pasan de largo, y si les es posible, se retiran al pasar él.
     Todos esperan lo mismo, que el joven les aborde para pedirle, o en caso de los asustadizos: robarles, unas cuantas monedas... no se dan cuenta, porque no les ha dado tiempo a mirarle a los ojos, que Pepe tiene un rumbo fijo escrito en su mirada ausente, perdida... huérfana de esperanza y carente de fe alguna. Pepe ya tiene lo que necesita: unos euros que ha reunido, haciendo precisamente lo que la gente que se aparta a su paso teme de él, pero ahora, ya tiene lo que necesita y el tren le ha dejado en la estación más cercana a la "barranquilla".
     Ahora le queda un paseo de unos dos o tres kilómetros saliendo de vallecas, pasando por un polígono industrial, siguiendo una carretera mal pavimentada y encharcada, subiendo una cuesta, siguiendo un camino que bordea las vías de otros trenes más serios de menos cercanías, atravesando un descampado transformado en un estercolero que al fin desemboca en un poblado, atestado de: mierda, coches que sortean gente, gente que evita a los coches, coches abandonados transformados en viviendas para personas, mucho barro, pistolas, cuchillos, droga... mucha droga, y miles de millones de litros de mala sangre alimentando todos y cada uno de los órganos vitales del mayor mercado de la droga en Madrid.

    Mientras hace maquinalmente el camino, no piensa en nada, sólo mira hacia adelante, ya no se acuerda de sus veintitrés años, ni de cuando a su padre le echaron de la empresa, ni de las palizas a su madre, o a él mismo, ni de cuando el viejo murió después de haberlo perdido todo, lo poquito que tenían: un piso... no se acuerda de su madre, ni del alcohol que la dejó idiota, tampoco se acuerda de su forma de llevar dinero a casa, no se acuerda de los desahucios, no se acuerda del grameo... ya no se acuerda de cuándo comenzó a olvidarlo todo con un amigo chino...     Pepe, tan sólo piensa en dónde conseguir algo para hacerse otro amigo: otro chino, y seguir así sin recordar... ¿para qué?..., el sólo piensa en llegar a la casa de los gitanos.

     Unos policías han detenido su vehículo de verbena al cruzarse con él, le han mirado, él no, él no ha mirado a esos putos funcionarios, tan sólo se ha cagado en dios en voz alta, y ha seguido con su tembloroso caminar sin importarle el hecho de que los policías sigan su camino o no...

     Al caminar el camino tercermundista que sigue el trazado de las vías del tren, varios coches le han salpicado de barro, Pepe no se ha quejado, él ha seguido caminando, sólo ha pensado "podríais reventar, pijos de mierda", otros coches pasan sin salpicarle, la mayoría de ellos son "cunderos", y de una forma o de otra conocen, les suena su cara, o se han cruzado alguna vez con Pepe... algún cundero le saluda, pero él, no responde, sólo se agarra las solapas de su vieja chaqueta para protegerse de la lluvia, del frío, y de sus propios temblores... todo ello, por supuesto... ¡en balde!.
     Una vez en el "territorio" -así llaman Pepe y sus conocidos a la barranquilla-, el joven aprieta el paso, y entre chavolas, coches, barros, hogueras y más conocidos, llega a casa de los gitanos.

     Unas cortinas verdes y raídas le dan la bienvenida a la gran chavola. Tras la cortina, una sala donde hay varios yonquis -como Pepe-, que ya han conseguido lo que necesitaban y trabajan recortando bolsas de plástico blancas haciendo grandes círculos de unos doce centímetros de diámetro. Pepe se relaja un poco, al tiempo que saluda a uno de los que cortan las bolsas, pero ninguno mira a los ojos del otro, cada uno: a lo suyo...

    Tras la estancia donde se cortan las bolsas, hay otra mucho más grande que está dividida en dos mitades por unas columnas semi-derribadas, las dos mitades tienen alturas distintas.
    Abajo, donde Pepe forma una fila con otras quince o veinte personas, organizadas por otro de los yonquis que trabajan para los gitanos a cambio de unas dosis al día... éste es negro, debió ser uno de esos negros fuertes y grandes, ahora es el "viernes", nadie sabe su nombre, todos le llaman Viernes, él sonríe a los conocidos y si puede les adelanta unos turnos en la fila... si puede, o si los conocidos en cuestión, son de los que le dejan una "cunda", y al resto les va agrupando al fondo, mientras mantiene el silencio de la clientela... "a ver señores... al fondo, no os quedéis en la puerta... a ver señores, un poquito de silencio... ¿vale?...!. Viernes nada más ver a Pepe, le saluda, una vez que ha visto en la cara del joven "que no hay cunda que valga", le indica que se pegue a la pared y que ocupe su sitio, esperando su turno en silencio, y se va a saludar a otros dos que entran, a estos dos después de una pequeña charlita de unos veinte segundos, les sube arriba, a la otra parte de la estancia, que está unos treinta centímetros más elevada que en la que está Pepe.

     La espera ha sido interminable, pero Pepe ha subido por fin el escalón que separa ambas partes de la estancia. Se encuentra apoyado en una de las dos columnas, esperando que el gitano -frente a él- despache a un pijo que no hace más que hablar, a su izquierda un compañero de viernes le recuerda una vez más que espere a que el pijo se vaya para hablar con el gitano y que mientras tanto, no cruce las columnas, al resto les recuerda lo mismo que viernes... "callaros coño, un poquito de silencio... tú, negro, diles que guarden la fila coño... ¡que pa ser tan negro, eres mu blando!...".
     Una vez que el pijo se marcha comprobando la cantidad que el gitano le ha echado en una bolsa de plástico blanco de unos doce centímetros de diámetro, es cuando le llega su turno a Pepe, pero al señalar el montoncito marrón con la misma mano donde sujetaba unos billetes, suena un walky que uno de los vigilantes del gitano lleva en la mano, (en la otra llevan un tubito que les sirve para fumar sus chinos), el gitano pasa de Pepe y da instrucciones... "pues si están ahí fuera, dile a esos que despejen el parking y cierra aquí... ahora a callarse me cago en la hostia puta... al que hable le reviento la cabeza.", y mirando por fin a Pepe, le dice: "y tú, espera".
     Aún a pesar del monazo, a Pepe no le quedan más cojones que comérselo y esperar a que pase la tormenta, en silencio por supuesto.
Él sabe muy bien a quien tiene sentado detrás de la mesa con tres montones de polvo y roca de tres colores distintos y una balanza de precisión, de esas que parecen una calculadora.
     En la parte más baja de la estancia, hay otros que, por lo visto no saben quién está detrás de esa mesa y se ríen de algún chiste que alguno de ellos ha contado... Paco -el gitano tras la mesa, el que manda allí a esa hora-, se levanta para aclarar conceptos.
     Pepe le pregunta la hora a viernes, "las doce en punto" le contesta, y antes de despachar a los que montan ruido abajo, Paco le pregunta a nuestro amigo, "¿un pollo de caballo?", Pepe le responde en silencio, asintiendo con la cabeza: "sí", y ambos cambian mercancía y dinero de manos, el gitano le señala la parte de atrás de la chavola y el negro viernes le acompaña a otra estancia donde hay una puerta que da a la parte de atrás de la casa.
    Al salir de ella, escucha chillar al gitano, pero eso ahora le da lo mismo, y sin alejarse mucho de allí, se prepara un buen chino de caballo... aspira el humo... y ya: nada importa... ¡que os den a todos!, piensa mientras sigue su caminar...




La luna helada: la mía

Un día decidí ponerme una camisa gris;
Pero una noche cualquiera: maldita, la luna acabó con ella.
En el calor del horizonte, al quemar a su rey (al de ellos)
mi luna arrancó de mi piel ¡de cuajo!, aquella camisa,
y heló mi piel... para siempre...

Los ojos se oscurecieron; la mente terminó... no sé que ciclo;
La rabia se la llevó el viento; y las ciudades quedaron
en andenes de antaño...

Y tuve un sueño infinito; ¿quizá morí?,
¿O quizá nací?, De nuevo: otro en los restos de mi cuerpo:
helado... despierto

¿Dónde está el sol?, ¿Dónde está el sol?, ¿Dónde está el sol?...
Tres veces..., y a la cuarta,
la luna me dijo:

Aquí sólo estamos tú y yo
¿Y para qué más?
dije abriendo los ojos;
despertando del miedo primario

Si no me pierdes de vista,
puedo darle luz a tus sueños
¡qué luna bella!, sea
dijo el niño que en mí nació, (al que no mataron bien cuando pudieron)

Despierta mi bien, ¡despierta!
Y la dama chascó los dedos: un, dos tres: despierta

Desperté en una cima (en la mía),
las cumbres andaban resfriadas: pero yo ...
inmune, helado.

Caminé flotando entre alerces
de acículas perfiladas por blancos pinceles...
Que se difuminaban hacia la madre,
la verde helada (¿quien dijo tierra?)...

Los ojos despiertos del universo enterrado
(entre hojas, nieve, silencios y noches en vela),
me lanzaron sus frecuencias...
El oído se adapta a todo, si está frío
(despierto, si gana su pan cada hora)

Un cárabo que vigila su finca;
la madre del rayón que hoza entre las tejas que techan al ratoncillo,
y éste: huye, de todos; un zorro también le busca;
y él: listo, frío: despierto...
Gana otra noche de vida

Y yo -que entiendo sus nobles guerras-,
me tiro hacia el viento... y éste: me aleja
y bajo por el sendero
que antaño ganaron el cielo y su llanto a la tierra

Y sumerjo mi piel sin camisa, helada por "ser" despierta,
entre los cauces que bajan la vida de arriba,
al suelo de mi madre tierra...

Jugueteando con un nuevo vástago,
un salmón de memoria infinita
que un día volverá a su montaña, desde la mar sin fronteras...,

Nado y nado a su vera,
y el mar desemboca en mis venas,
mi extraño amigo diluye sus aleteos,
entre cientos de voces viajeras...

Salto con los delfines; y arriba del mar veo a mi dueña:
mi luna que sigue a lo suyo:
despistando al rebaño... ¡embustera!...

Y una espiral de violencia,
calienta mi piel en la hoguera,
muriendo desde mi muerte, volviendo a la vida perra,
despierto de algo lejano, del frío que calienta mi alma,
dejándola: entera, alerta...¡ despierta!

Tras la ventana descubro a mi luna mirando,
me susurra:
ahora duerme -paga tu condena-,
esta noche te estaré esperando donde siempre,
estés donde estés,
yo estaré fuera.